24 marzo 2016

El Isis y los últimos tiempos según el padre Amoth

El Isis es Satán. Las cosas ocurren antes en las esferas espirituales, luego se concretan en esta tierra. Los reinos son sólo dos. El Espíritu Santo y el espíritu demoníaco. Tiene mucho que ver porque el mal disfrazado de muchas maneras, políticas, religiosas, culturales, tiene una única fuente inspiradora, el demonio. Como cristiano, lucho la bestia espiritualmente. También la política mundial que hoy parece desprovista de respuestas frente a la masacre de los cristianos tendrá que luchar contra el Isis y lo hará de un modo diferente. Si sigue como parece, preguntémonos qué ha hecho Occidente en el transcurso de los últimos decenios. Ha mandado Dios al demonio (expresión italiana parecida a “mandar a freír espárragos”). Fuera las bendiciones en los colegios, fuera las cruces, fuera todo, adelante a lo depravado. Satanás me contesta sólo cuando le interpelo. Repite que el mundo está en su poder, y aquí dice la verdad. Bíblicamente hablando, estamos en los últimos tiempos y la bestia trabaja frenéticamente. 

Fuente: Facebook del padre Gabriele Amoth (https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=813318635389606&id=350761581645316)


La sal como sacramental

Os traduzco esta publicación del padre Gabriele Amoth sobre la sal como sacramental porque merece la pena:

En la antigüedad la sal ha siempre revestido una importancia fundamental, tanto como para ser usada como pago de los soldados, o como noble mercancía de intercambio en los mercados. Aquello marcó la historia de los pueblos antiguos de la cuenca del Mediterráneo. Para los judíos la sal tenía un significado religioso del todo particular, tanto que la sal estaba presente en todos los sacrificios ofrecidos a Dios "Sobre cada ofrenda ofrecerás sal" (Lev 2,13). A la sal se le atribuían propiedades medicinales, quizás por usarse como conservante de carnes y pescados. Por eso se aplicaba como tonificante sobre el cuerpo de los recién nacidos (Ez 16,4), famosa es la frase de Jesús que él aplica a sus discípulos justo después del “discurso de la montaña: “vosotros sois la sal de la tierra” que pone en riguroso paralelo  con “vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 13-16). La fórmula sacramental de la bendición de la sal, encuentra su origen en el milagro de la purificación del agua, obrado por el profeta Eliseo (2 Re 2 19,22) que echa la sal en esa fuente malsana junto con una oración… “así dice el Señor: yo saneo estas aguas; ya no saldrá de aquí muerte ni esterilidad” (2 Re 2,21). También la sal es vehículo de sanación y de purificación para quien lo usa con fe. Tal bendición tiene que ser siempre efectuada por un sacerdote.

Fuente: Facebook del padre Gabriele Amoth (publicación: www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=966297190091749&id=350761581645316&fref=nf&pnref=story)



16 marzo 2016

Tiempos de conversión, no de diversion

Pocas personas, especialmente sacerdotes, tienen la fuerza y el espíritu de Dios como para hablar abiertamente de este tema. El padre G. Amoth es uno de ellos. Nos devuelve la mirada a la conversión urgente a través de la "penitencia y la oración" en su breve entrevista:

http://www.infovaticana.com/2016/01/04/polemica-advertencia-del-exorcista-italiano-gabriele-amorth-para-iniciar-el-2016/
Dios en el AT ha castigado siempre a su pueblo cuando se ha extraviado, siempre le ha reprendido cuando se ha alejado de él, porque siempre le ha querido y nunca faltará a su promesa de amarle y cuidarle.
Actualmente estamos en una situación muy parecida a las que en el AT les siguió un castigo. La Virgen de Fátima ya anunció grandes males de no escucharse su petición. Pues aquí los tenemos (ciego el que no los ve y necio el que los ignora sin preguntarse nada) y coincido con el padre Amoth que, en breve, veremos acontecimientos de gran escala espiritual y material. Quien no se lo crea, que no lo haga, pronto lo verá. Pero si no les da a tiempo luego para enmendar, hacer penitencia o saber la situación real, ...que no se lamente. Porque antes del diluvio, como dijo Jesús "la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca y llegó el diluvio, que los hizo morir a todos" (Lc17,24). Seguramente en ese momento habrían creído, pero era tarde para lo más importante. Este es un tiempo de misericordia, el mismo que se profetizo a Santa Faustina Kowalska cuando Jesús le dijo: "Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia...". Y eso que a dicha santa se le pidió expresamente prepararnos para su segunda venida: "Prepararás al mundo para Mi última venida." (Diario 429).
Y también le dijo: "Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita." (Diario 1160)
Y tú qué prefieres ¿misericordia o justicia? ¿Prepararte o esperar?
 Vivir como lo hace el mundo en la diversión, la búsqueda de la salud y el bienestar, la tranquilidad económica basada en el ahorro, la centralidad del trabajo, la fiesta y el deporte con los amigos y colegas, etc. no es el mejor modo de prepararse. No es cuestión de si es bueno o malo a estas alturas, sino de si es el camino para estos tiempos o no. La televisión no es mala de por sí, sin embargo el mismo padre Pio anticipó la perversión del
hombre por su medio. Cuántas familias conozco que no pueden rezar el rosario todos los días porque no tienen tiempo, pero miran por lo menos una hora de televisión al día... son las contradicciones de los católicos de estos tiempos.

Tenemos que poner el corazón en Cristo (caridad y sacramentos) y de la mano de María (oración, ayunos y rosarios), buscar las cosas del cielo (especialmente la contemplación) y según las obras del Espíritu. Buscarnos menos a nosotros mismos a través de nuestras necesidades y acercarnos a Dios por medio de la urgente conversión del corazón (es decir, no tranquila y dilatada en el tiempo), que es entregárselo TODO y sin reservas.

Un saludo y ánimo en vuestro camino a Dios.

Paz y bien


15 febrero 2016

Dios es la causa de vuestro mal (S. Claudio de la Colombière)

«Una de las verdades mejor establecidas y de las más consoladoras que se nos han revelado es que nada nos sucede en la tierra, excepto el pecado, que no sea porque Dios lo quiere; Él es quien envía las riquezas y la pobreza; si estáis enfermos, Dios es la causa de vuestro mal; si habéis recobrado la salud, es Dios quien os la ha devuelto; si vivís, es solamente a Él a quien debéis un bien tan grande; y cuando venga la muerte a concluir vuestra vida, será de su mano de quien recibiréis el golpe mortal».

- S. Claudio de la Colombière -

Desde luego hace pensar... Sobre todo la parte de que Dios sea la "causa del mal". Creo que no se puede tomar literalmente, pues Dios no quiere causar el mal, pero sí es cierto que donde nosotros vemos el mal, Él ve el bien que nos hace.

También hay que recordar que el producto de nuestro pecado es tan poco querido como el pecado mismo, por lo que hay que distinguir las cosas que nos pasan por el mal de nuestro pecado (que Dios no quiere, pero se deben a nuestra libertad, como podría ser el abortar) de las cosas que nos pasan y son dolorosas. Aún así hay Providencia en todo... pero es un misterio, pero un misterio de amor en el que merece la pena abandonarse con esperanza e incluso con alegría. De esta alegría se forma la cruz que Dios nos regala como llave para el cielo.

Paz y bien.

Diego Cazzola



05 febrero 2016

El carnaval no es para los de Dios. Descubre por qué.


Dicho en breve: un cristiano que ha entendido el mensaje de Cristo y el mensaje de la Iglesia, especialmente del Papa Francisco, no dará importancia al Carnaval, no lo querrá y ambicionará algo mejor, algo que sea de Dios.

Vivimos en este mundo, pero no somos de este mundo. Es conocido que el carnaval es de origen pagano, ya que tiene orígenes en la época romana. Se celebraba en las fiestas de Saturno (fiestas Saturnales), en honor al dios Baco, dios del vino (de ahí viene la palabra “bacanal”, es decir fiestas con vino muy abundante). La Iglesia no sólo no ha aprobado nunca el Carnaval como tal, sino que en varias ocasiones ha tenido que promover límites al desenfreno al que incitaba. Eran fiestas en las que los nobles se mezclaban con la plebe en danzas y comidas. Es fácil entender las intenciones ligadas al desenfreno de la gula, el placer sexual y la irresponsabilidad de la sensualidad. Por eso era típico, especialmente en el de Venecia, el enmascararse y disfrazarse, para ocultar la identidad y no ver las responsabilidades de los actos de esos días. Así que vemos que lo central no era disfrutar de una sana fiesta, sino aprovecharse de ella para dar riendas sueltas a la carne, de allí “carne-vale”, cuando vale la carne.

Los españoles y portugueses llevaron el carnaval a América, mezclando la esencia del carnaval europeo con tradiciones indígenas y convirtiéndolo en un folclore diferente. En la Europa católica la fiesta había sido acoplada al inicio de la Cuaresma ya que empezaba con ella un tiempo de ayuno y penitencia, pero esto tenía un sentido concreto y es que la gente trabajaba duramente el campo y hacía muchos ayunos. La misma cuaresma, hace tiempo, eran 40 días de ayuno, no como hoy que se ha vergonzosamente reducido a dos parcos y simbólicos días como llamamiento a la unidad eclesial penitente.

Hoy en día la Europa occidental supuestamente católica no trabaja duramente el campo ni ayuna tan duramente como para justificar estos días de carnaval. Y estoy convencido que, quien haga dicha penitencia, tampoco tendrá una espiritualidad que le lleve a abusar de la comida y el desenfreno unos días antes.

Con todo esto la Iglesia no ha prohibido el Carnaval, pero sí ha recordado que también en la fiesta hay que observar la ley de Dios, evidentemente. Sin embargo, yo me atrevería a decir que si no tenemos que confundirnos con el mundo y sólo vivir en él (Jn 15,19) para atraer a los que no conocen el amor de Dios y la salvación de Jesús, si tenemos que ser luz para los demás y queremos vivir como templos del Espíritu Santo, permanecer a lado de María y de lo santo, no creo que el Carnaval sea un buena opción en ninguna de sus formas. No lo es Halloween, no lo son cruceros en Semana Santa, ni lo son las discotecas de fin de semana.

Creo que el cristiano que quiera ser auténtico tiene que abandonar la idea de disfrutar “con” y “en” el mundo de hoy, que no tiene muchas cosas buenas para el Espíritu, y aprender a vivir menos materialista, menos sensualizado, menos apegado a la necesidad de disfrute, apetitos y consumo, para volcarse en una ardiente y verdadera búsqueda de la vida espiritual. Necesitamos cristianos profundamente enamorados de la Eucaristía, del Rosario y de la confesión. Porque sólo quien viva esa vida podrá salir afuera y hacer el lío bueno que quiere el Papa Francisco y no montar un lio sin más que hace daño a la Iglesia generando confusión y división. Quien vive así querrá aprender a dominar su voluntad, sus deseos y sus distorsionadas inclinaciones. El ayuno cuaresmal, y no sólo en cuaresma, es una mortificación estupenda para uno mismo y para el hermano. Os invito a conocer la iniciativa católica de www.ayunoporti.es donde mediante el ayuno proponen crecer en oración, fraternidad y amor a Dios.

Si eres de Cristo, ...¡que se note!


Paz y bien.

Diego Cazzola


Ayuno por ti
www.ayunoporti.es



25 enero 2016

Diferentes devociones, un sólo caminar.

Muchas veces caemos en la tentación de proponer a otros vivir la fe y el amor como nosotros o con el mismo estilo. Nada más lejos de lo que propuso el Señor. El Espíritu Santo sabe soplar con creatividad continúa, siempre nueva. No se cansa, ni se esfuerza, pues está en su naturaleza el crear continuamente y renovar. Es él quien hace brillar el amor de Dios, quien lo hace verdaderamente bello, quien lo da a descubrir y confiere fecundidad. 


A veces incluso llegamos a juzgar a otros por no hacerlo como los demás o, peor, como nosotros. Sin embargo, cómo nos recuerda San Francisco de Sales no hay un solo modo de devoción, como no hay un solo carisma. 



¿Cómo saber entonces cómo nos inspira el Espíritu Santo cada día para llegar a Dios y proclamar la gran noticia que tenemos los cristianos?



Pues evidentemente hay una vía oficial y otra oficiosa. La primera es mediante la oración, ese encuentro con el Señor estando a solas, de tú a Tú. Es un momento caracterizado obligatoriamente por un silencio que tiene que ser sobre todo un silencio interior de escucha y de apertura, pero que también implica cierta mortificación, base de la verdadera humildad que alimenta el amor a Dios reduciendo el amor propio. La segunda vía, la oficiosa, es la vía de la devoción al Corazón de María. Oficiosa porque en ningún momento de la historia de la Iglesia se ha obligado a contemplar esa vía de cara al descubrimiento de la voluntad de Dios, pero que quien ha descubierto el amor de María como el de una Madre y la entiende como administradora de TODA gracia habrá comprobado que María es en realidad indispensable para tener certeza, dirección y facilidad. María es la línea recta entre nosotros y Cristo, por lo que es de insensatos o soberbios pretender caminar sin ella. Los mismos apóstoles, sin María, se habrían perdido tres la crucifixión de Jesús, pero ella les mantuvo unidos y en la esperanza de Su hijo. María es mucho más de lo que imaginamos y está, o puede estar, mucho más presente de lo que pensamos.



Especialmente en estos últimos tiempos, que empezaron con la partida de Cristo al cielo, pero que se han claramente agudizado en estos últimos años, es una pieza clave. Como dije en otras ocasiones, María trajo por primera vez a su Hijo, nuestro Señor, y es lo más lógico que tenga que ver bastante con su regreso. Tantas apariciones y tan frecuentes lo indican claramente y su mensaje es un mensaje general, no tiene que ver con el carisma o la devoción de cada uno. En este sentido su llamada a la oración, al ayuno (lamentablemente muy olvidado por la Iglesia Católica ya que es el principal modo de defendernos del demonio y de la tentación de vivir como el mundo), al Rosario (que no lo considera como oración personal propiamente), a la fidelidad al Papa (y en general el amor y oración por los sacerdotes), al no juzgar (el juicio es de Dios, nosotros sólo tenemos que amar y ser pacientes), al dar extrema importancia a la buena confesión y a la Eucaristía (especialmente a la adoración eucarística), así como a la lectura de la palabra de Dios.



No confundamos la diversidad de carismas o el tipo de devoción personal que el Espíritu Santo inspira y la condición de cada uno, con el camino común a todo cristiano y que, si no se anda, seca nuestro espíritu. Porque si secamos nuestro espíritu, secamos la fecundidad de Dios en nosotros y solo daremos lo poco que somos y no a Dios. 



Necesitamos volver al camino tradicional, pero verdadero y necesario, del ayuno (que es mortificación), la limosna (que es sobre todo caridad práctica) y la oración (no la práctica por la práctica, sino la búsqueda del encuentro con Dios en la intimidad de cada uno).



Os dejo pues el texto de San Francisco de Sales sobre estos aspectos que titula "La devoción se ha de ejercitar de diversa manera":


«En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.
La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.
Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?
Y, con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción».

Que Dios os bendiga.

Diego Cazzola Boix

04 enero 2016

“Un camino”, muchos “caminares”

Según la psicóloga Mila Cahue en su reciente publicación «El cerebro feliz» “la receta de la felicidad es personal, intransferible y absolutamente subjetiva”. Dice que “la felicidad está vinculada a la calidad de las relaciones que somos capaces de crear en nuestra vida”, que “nadie nos va a decir en qué consiste nuestra felicidad”, así como que no hay que “tomarse todo personalmente” y que podemos, y debemos, “aprender lo que haga falta para sentirnos capaces de diseñar una vida a nuestra medida”.

Sin haber leído el libro y basándome sólo en su presentación en el artículo del ABC, puedo decir que son un conjunto de verdades a medias que parecen  más verdades que mentiras en la medida que no nos paramos a entender quién es el hombre en profundidad. Si nos quedamos en una respuesta superficial e inmanente, esto es, psicológica y no trascendental, puede parecer de ayuda o interesante, pero es mentira y engaño. Los santos han hablado mucho de felicidad y la Iglesia no para de enseñar el camino de la felicidad y nunca han hablado ni de estas cosas, ni de de esta forma. ¿Por qué? Porque es un lenguaje que engaña.

Es cierto que la regulación emocional, la capacidad  de adaptarnos o la capacidad de comunicación son importantes, pero la coherencia y el equilibrio entre éstas y más capacidades humanas importantes no surgen, como se pretende afirmar, de nuestra voluntad, sino por unas características más profundas que nuestra dimensión psíquica, pues son características espirituales de carácter trascendental.

La relación personal es importante en el ser humano porque está llamado a tener una relación íntima con Dios, que es un ser personal, pero reducir esta vocación a la relación humana es reducir su alcance, capacidad y entidad.

La receta de la felicidad no puede ser intransferible porque  sería una desgracia. Precisamente Cristo ha venido a darnos la receta y ésta es él mismo. Cristo es más que transferible o comunicable ya que es “vivible” por todos. Todos podemos vivir a Cristo y trasmitirlo con certeza y objetividad. Si fuera subjetivo se quedaría en una experiencia emocional, que sí es subjetiva. Pero el amor va más allá de la experiencia personal para alcanzar la experiencia interpersonal e incluso ultra-personal si hablamos de personas humanas, pues su fin es siempre Dios Padre. Así que no estoy de acuerdo en que nadie nos pueda decir en qué consiste nuestra felicidad. La felicidad consiste en sabernos y sentirnos amados por Dios a pesar de nuestras pobrezas, caídas y pecados. Que no haya pecado que ahuyente el perdón de Dios es nuestro mayor gozo. Dios tiene más interés que nosotros en que le amemos para que seamos felices y gocemos con él toda la eternidad. Cristo es el camino, la verdad y la vida, por lo que por él es posible la felicidad. En este sentido la felicidad es Cristo.

No se trata de diseñar “una vida a nuestra medida”, sino de encontrar la que tenga a Dios en el centro absoluto. Se trata precisamente de quitar del medio nuestras pobres aspiraciones de goces temporales, limitados, caducos y abrazar los deseos de un Dios que, como buen Padre que sale a nuestro encuentro, nos quiere indicar el camino mejor a cada uno. Es cierto que todos tenemos un camino diferente, pero siempre está en Cristo y esto hace del camino objeto de comunión. La Iglesia, para el hombre peregrino, es ese camino común en el que encontramos la felicidad juntos y en el que juntos la disfrutamos y compartimos de muchos modos. “Un camino”, muchos “caminares”.

Tampoco se trata de “esperar plácidamente, permitiendo que todo siga su curso”. Ésta no es paciencia, es espera estoica e inútil. La paciencia es la virtud de la espera sin inquietarse, pero siempre de quien espera en el Señor, ya que otra espera es una mentira. Nadie espera con paciencia si no sabe la certeza y la grandeza de lo que espera. No es lo mismo esperar la misericordia de Dios que la sanación de un curandero. No es lo mismo esperar el cielo prometido que la plenitud de la ciencia o la tecnología. Una paciencia plena va acompañada de una capacidad de ofrecimiento y entrega, algo que Mila Cahue no parece haber acertado a describir.

Tampoco “rodearse de personas y circunstancias positivas” parece ser un buen camino de felicidad. Y sino pregúnteselo a la madre Teresa, al padre Pío o a San Francisco de Asís. Hay que rodearse de los más necesitados y amarles hablándoles de Dios, explicándoles quién es Dios y cómo funciona su amor, acompañándoles en su descubrimiento personal e invitándoles a vivir libremente ese camino que es la Iglesia. Estos necesitados serán los hijos, los parroquianos, los más pobres de los pobres o un lector que trata de descubrir, en esta humilde reflexión, lo fácil que es caer en las palabrerías engañosas de este mundo hipercientífico y relativista que cree saberlo todo por su propia soberbia iniciativa.

La felicidad uno no se la da a sí mismo, no la puede forzar, ni la puede encontrar por su propia voluntad. La felicidad es encontrase con Cristo, es decir, es un don basado en un encuentro personal y no hay otra forma de decirlo ni en teología, ni en filosofía, ni en psicología, ni tampoco en la ciencia experimental laicista. Implica una disposición humilde de vivir en la verdad cuyo deseo Dios ha puesto escondido en nuestro corazón y que nos atrae a él. Somos capaces de la Verdad y de un encuentro con ella, por eso lo deseamos como al agua cuando tenemos sed, de forma casi instintiva o, mejor dicho, natural. Cuando un corazón se inicia en la búsqueda de esa Verdad, ella sale a su encuentro por medio de la gracia y de otras personas que, en el rostro de Cristo, llevarán ese corazón a crecer través de la misericordia y una experiencia personal, pero muy verdadera y auténtica, de comunión.

Si “¿cómo ser feliz?” es lo que más buscaron los españoles en Google durante el año 2015 significa que la gente busca otro modo de ser feliz y que este mundo no lo sabe. Desde luego no estará en Google la respuesta, pero sobre todo no estará en libros que dejen de un lado a Cristo en esa búsqueda. O somos de Cristo o estamos contra él. No hay grises en esta decisión.

Vive en Cristo y sé feliz. Paz y bien

Diego Cazzola