18 enero 2021

Es hora de creer: ni vacuna ni comodidad

Muchos piensan que la "vacuna" es la única solución, pero no es así. Hay más vías que se podrían estudiar, pero que no interesan por dos razones: lo primero es porque no mueven los miles de millones que las vacunas dan a las multimillonarias farmacéuticas, lo segundo porque hay intereses al rededor del Covid que van más allá de la salud. Hay que ser muy torpes, en mi opinión, para no darse cuenta de que, sin caer en extremismos, mucho se está haciendo y manipulando bajo la excusa del Covid. Y no es una cuestión de España, sino de una reorganización política, económica y social que pertenece a la ingeniería social del Nuevo Orden Mundial, dirigido por los poderes masónicos y extendido en todo el mundo.

La vacuna no puede ser segura con tan poco tiempo por mucho que se financien laboratorios para que trabajen 24/24h y, por lo contrario, es muy arriesgada a nivel personal y social [5]. A nivel personal porque hay ya muchos casos que manifiestan su mortalidad y sus efectos secundarios inmediatos, y a nivel social porque no sabemos si causará un efecto a largo plazo, como esterilidad o aumento de enfermedades inmunológicas ya que algunas vacunas juegan con el ARN y el ADN, técnicas que sólo se han experimentado en animales o en enfermos de cáncer terminales. En ningún caso se ha aplicado a personas sanas con un seguimiento a largo plazo.

¿Entonces qué hacemos? ¿Vale la pena el riesgo de la mal llamada “vacuna”?

En mi opinión no, y por tres razones muy sencillas:

  1. Lo primero porque los datos de infectados y muertos por covid son tan misteriosos como las soluciones que se buscan para, supuestamente, erradicar el virus del planeta. Por ejemplo, en 2018 se dieron casi 800.000 casos de gripe normal, con 52.000 ingresados y 15.000 fallecidos por ella [1], mientras que en 2020 solo parecen haberse contagiado de gripe 4 personas. Entiendo que al llevar mascarilla se reduzca un poco el contagio (aunque los dos son virus), pero tanto, es muy sospechoso. Y no quiero entrar a discutir sobre las mentiras que nos están metiendo en los medios, que ya están todos comprados, pero sí levantar un poco esa ingenuidad de tragarnos todo lo que escuchamos como verdadero o de comparar nuestra percepción de la incidencia del virus con los datos mundiales. La experiencia de mortalidad de un hospital es muy diferente a la de otro, por lo que no podemos basarnos sólo en la impresión de un enfermero o un médico que dice que hay mucho o hay poco. Cada día muere mucha gente por muchos motivos y el covid no es gran competencia. Han muerto 2 millones por este virus, de acuerdo, pero también han muerto 70 millones con Stalin, 40 millones con Hitler y en la gripe española, solo el primer año, entre 20 y 40 millones. ¿y el covid es una pandemia? ¿Por qué? ¿Por qué hemos cambiado la definición de pandemia para que encajara o porque afectó a occidente y no a África como lo hace la malaria? Ahora bien, incluso si la cifra fuera real, vacunar a todo el mundo por 2 millones de muertos es un despropósito con esos riesgos asociados.
  2. Lo segundo porque se puede esperar en una vacuna más segura, como las clásicas, es decir, con virus atenuado. Es curioso que las empresas que se han lanzado a desarrollar estas vacunas no son las que típicamente sacan vacunas. Esto es porque hay intereses políticos y económicos detrás que nunca sabremos de forma explícita y que tenemos que saber leer entre líneas y porque los que tienen experiencia en vacunas, saben que si en 80 años no se ha derrotado el coronavirus en sus variantes y mutaciones, no se hará ahora en 6 meses solo por tener prisa.
  3. Tercero porque hay otras posibilidades. Voy a comentar dos:

A. La primera es el descubrimiento de la Lactoferrina, una proteína antiviral y antiinflamatoria presente en la leche materna relacionada con la inmunidad de los niños. El estudio de la Universidad de Roma La Sapienza, publicado en el Journal of Molecular Sciencies [2], demuestra que esta proteína es capaz de inhibir la infección por covid, tanto preventiva como curativa. Esta ha sido experimentada en pacientes en España por parte del doctor Gabriel Serrano, pero es una noticia prácticamente desconocida [3]. Una vía muy válida completamente despreciada por las farmacéuticas, quizás por ser poco rentable para ellos.

B. La segunda, el Dióxido de cloro (CDS). Un gas antibacteriano, antifúngico, antivírico y antiparasitario que se produce al juntar clorito de sodio (al 28%) y ácido clorhídrico (al 4%), que nada tiene que ver con la lejía (hipoclorito) o con el simple cloro yque se toma disuelto en agua. A 3000ppm y con la dosis correcta, tiene la capacidad de revitalizar la sangre saneándola y oxigenándola en cuestión de horas. Ahora que lo toman más de 15.000 personas sin ningún efecto nocivo y que más de 10.000 se han curado del covid bajo estricto control y seguimiento médico y que ha llevado a Bolivia a una tasa cero de infección y mortalidad por covid, sería hora de que se exigiera como mínimo que los que le atribuyen toxicidad o mortalidad aportaran también alguna prueba. Porque si esos miles de personas hicieran lo mismo con la lejía, las pruebas de toxicidad saltarían a cientos. Pero no, es una sustancia muy económica, no patentable, de fácil elaboración y que no sólo elimina el virus sin efectos secundarios, sino que además ayuda en muchas más enfermedades. He visto auténticos milagros con el CDS en otros y en mí mismo. Lo conozco, lo elaboro y lo consumo y doy fe que elimina el covid porque yo mismo lo comprobé antes y después con PCR y prueba de anticuerpos.

Así que, sin llegar a ser un conspiranoico, no me fio para nada de esta vacuna ni de las instituciones que se lucran con ella directa o indirectamente. Tengo derecho y razones por desconfiar. Tampoco me fio ya de las estructuras médicas que se han apoyado tanto en la farmacéutica como para llegar a fundirse con ella. Los modelos médicos son ya tremendamente biologicistas y fabrican médicos incapaces de ver más allá de la corporalidad en su tratamiento. Hasta el más cristiano de los médicos puede reconocer en su mirada clínica ese biologicismo cargado de escepticismo que no le dejará ver con apertura mental el alcance de más cosas que no sea lo que estudió. Y ya tenemos al perro que se muerde la cola. Y el problema es tan enrevesado que si un médico logra quitarse esas gafas puede encontrarse con tantas teorías entre espirituales, energéticas y exotéricas que no me extraña que vuelva corriendo en su caparazón de doctor académico. Los únicos que no se espantan y se entregan a ese mundo perdido son los terapeutas y psicólogos, que para escaparse de ese reduccionismo se han lanzado en brazos de todo lo espiritual hasta la torpe insensatez de creer en energías tan puras como irreal y engañosas. Y así estamos todos. Entre perdidos y rígidos. Mientras tenemos una política corrupta, una economía inflada de intereses que la han dejado hueca y frágil, unos valores vueltos en inmoralidad libremente elegida y absurda, una educación que no puede estabilizarse con tanto cambio y que ha sido instrumentalizada hasta las cejas.

¿Y con este panorama confuso, falso, hipócrita y vacío, se supone que debería confiar en las vacunas?

No. Como cristiano que soy, personalmente creo lo que recoge el Credo de la Iglesia Católica y el CIC (n. 671-679): que Cristo ha de volver tal como lo prometió “en un momento determinado de la historia” (cf. Rm 11, 31) ya que el Reino que ha traído con su primera venida tiene que ser acabado "con gran poder y gloria" (Lc 21, 27; cf. Mt 25, 31). Creo que las señales previas que nos dio para velar y seguir, pueden ser vistas con cierta facilidad en estos tiempos. Creo que sólo él puede arreglar este estropicio de hombre que es ahora el ser humano. No es un periodo malo “más”. Creo que todo este mal que vemos es el mal que Dios permite para que veamos que le necesitamos. Hasta ahora el mal se daba por desconocimiento, pero ahora es un mal por un enfrentamiento directo con Dios, no es lo mismo. No escarmentamos, ni nos damos cuenta de la profundidad y de la seriedad de su llamada. Le vestimos de tanta Misericordia, que nos olvidamos que su Misericordia es también justicia. No le hemos hecho caso ni cuando ha mandado a santos ni cuando ha mandado cientos de veces a su Madre a avisarnos: ni en Fátima, ni Akita, ni en Lourdes, ni en Medjugorje o Garabandal. Hay fracturas dentro y fuera de la Iglesia, injusticias, guerras, desastres y un odio a Dios en todos los rincones. Donde no hay odio, hay olvido o reduccionismo del bien. Los que son positivos en la interpretación de estos tiempos, en mi opinión, miran con gafas de ilusión. Las mismas que llevan a muchos a pensar que el mundo es un dinamismo cíclico y que se olvida que hemos sido creados con un propósito y un fin. Pero no todo se repite hasta el infinito. Más bien llegará su fin y yo creo que puede ser el momento y que es bueno que así se entienda, incluso si luego resultara no ser así. Que no sepamos el momento exacto, no significa que no debamos estar atento o negar el hecho que tanto aclamamos en las misas después de la consagración: "Ven Señor Jesús" [4].

Por eso, si me equivocara, seguiría pensando que habría hecho bien, tal como le pasó a San Vicente Ferrer, porque esta tensión a la penitencia, a la conversión y esta intensa espera es lo que hace que el corazón del hombre arda de amor con el corazón de Cristo y a la vez lo purifique. Mientras no entendamos el mensaje de Fátima, nada mejorará, todo emporará: penitencia, penitencia y penitencia, decía el ángel. ¿Y dónde está, en los centros comerciales?

Así que no pienso entregar mi esperanza a una vacuna que parece tener más de malo y dudoso que algo de bueno. Ni podré pensar que porque me digan que mueren algunos, podemos vacunar así a la ligera a toda la población. Es un plan que tiene todos los matices de un plan diabólico, y con satanás no se dialoga, se le rechaza.

Son tiempos para vivir en familia, en lo auténtico, en la sencillez del amor verdadero, en oración, con mucho silencio y sobriedad. Pero sin la inocencia de las 7 vírgenes que esperaban al novio, pero no tenían aceite para el final de la espera. Necesitamos tener una sencillez ardiente, ilusión por lo verdadero, sabiduría para ver con los ojos del espíritu, aceptar esa penitencia que nos corresponde y que salvó a Nínive, pero sobre todo en lo esencial, sin pasar el rato porque sí, mezclándonos con la comodidad de este mundo. Es hora de creer.



[4] “Éste es el Sacramento de nuestra fe.” R: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!” O “Aclamad el Misterio de la redención.” R: “Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas. 

[5] Noticias:  

👉 Noruega cambia la guía de vacunación tras el fallecimiento de 23 personas después de vacunarse.

👉 De los CDC: 3.150 personas vacunadas en UN DÍA "no pueden realizar sus actividades diarias normales, no pueden trabajar" después de la vacunación, es decir, un 2,7% de esas personas ya no pueden trabajar después de recibir la vacuna Pfizer.

👉 Trabajadora de salud portuguesa, de 41 años, muere dos días después de recibir la vacuna Pfizer covid cuando su padre dice que 'quiere respuestas'.

👉 Médico mexicano hospitalizado tras recibir vacuna COVID-19.

👉 Cientos de israelíes se infectan con Covid-19 después de recibir la vacuna Pfizer / BioNTech.

👉 La esposa del médico de Miami 'perfectamente sano', de 56 años, que murió de un trastorno sanguíneo 16 días después de recibir la vacuna Pfizer Covid-19, está segura de que fue provocada por el pinchazo, mientras el gigante farmacéutico investiga la primera muerte con un presunto vínculo con el disparo.

👉 Un israelí de 75 años muere 2 horas después de recibir la vacuna Covid-19.

👉 Muerte de un suizo después de la vacuna Pfizer.

👉 Mujer de 88 años colapsa y muere varias horas después de ser vacunada.

👉 Miles de personas afectadas negativamente después de recibir la vacuna Covid-19.

👉 Trabajador del hospital sin alergias previas en cuidados intensivos con reacción severa después de la vacuna Pfizer Covid.

👉 Cuatro voluntarios desarrollan PARÁLISIS FACIAL después de tomar Pfizer Covid-19 inyectable, lo que llevó a la FDA a recomendar la "vigilancia de los casos".

👉 La investigación se inició cuando 2 personas murieron en un asilo de ancianos de Noruega días después de recibir la vacuna Covid-19 de Pfizer.

👉 Cientos enviados a la sala de emergencias después de recibir vacunas COVID-19.
👉 Los funcionarios estadounidenses informan reacciones alérgicas más graves a las vacunas COVID-19.

👉 NHS dijo que no administre la vacuna Covid a aquellos con antecedentes de reacciones alérgicas.

👉 COVID-19: La dosis única de vacuna conduce a un 'mayor riesgo' de nuevas variantes de coronavirus, advierten expertos sudafricanos

👉 Los CDC revelan que al menos 21 estadounidenses han sufrido reacciones alérgicas potencialmente mortales a la vacuna COVID de Pfizer

👉 Más de 80 casos y cuatro muertos en un geriátrico de Benidorm ya vacunado:

👉 55 personas mueren en EEUU tras recibir la vacuna anti-COVID-19.

 

19 agosto 2020

CÓMO PREPARAR DIÓXIDO DE CLORO O CDS

En estos tiempos que se ven dominados por el virus del Covid19 (aquí mi opinión sobre esta pandemia) y después de haber pasado por el virus (aquí mi testimonio) me sentí obligado a buscar una alternativa para mi familia en caso de necesidad. Descubrí y estudié el Dióxido de Cloro y tras investigarlo muy a fondo, me decidí probarlo. No sólo me quitó el virus que venía arrastrando 3 meses (comprobado por PCR y Elisa antes y después por una crujía que me tuvieron que realizar), sino que me dio energía, me eliminó muchos dolores y molestias que me llevaban por el camino de la amargura durante dos años, viajando entre reumatología, medicina interna y que terminaron con un diagnóstico de fibromialgia con infiltraciones en la unidad del dolor.

En internet hay muy mala información sobre esta sustancia y me he dado cuenta de que es porque es muy barata, de fácil administración, muy eficaz, pero que no se puede patentar. Es algo que no interesa a las grandes farmacéuticas. Sin embargo, lo atacan sin pruebas y saltándose los datos oficiales de no toxicidad o la efectividad que han recogido miles de médicos en hospitales, con pruebas y metodología investigadora. Estos médicos se han organizado en la COalición MUndial de SAlud y Vida (COMUSAV).

Pero aquí no deseo justificar la eficacia del Dióxido de cloro, sino explicar cómo hacerlo en casa a partir de Clorito de sodio al 25% y ácido clorhídrico al 4%, tal como se precisa. Son productos que se usan para desinfectar el agua y se pueden comprar en Dioxilife (aquí el kit clásico) con garantía de pureza y calidad (venden a toda Europa). Sólo hay que recordar que el CDS no es lejía, ya que esa es hipocloríto de sodio, y no tiene nada que ver. 

Este vídeo pretende ayudar a los que ya se han decidido y que me conocen. Sé que es difícil convencer a quien no se conoce (por eso no lo pretendo), porque el testimonio es siempre una fuerza personal, no una cuestión de persuasión. Así que los que no me conocéis, simplemente podéis ignorarme, los que sí, pues ya tenéis mi aportación: creo que funciona y merece la pena para prevenir y combatir el Covid19 y mucho más, pero cada cual tome su decisión. Por un lado desinfecta la sangre de forma selectiva (por Ph), por el otro permite oxigenar la sangre aportando un extra de oxigeno intercelular que permite la mejor combustión no sólo de restos de medicinas, metales, toxinas, bacterias, virus y hongos, sino también de grasas que el cuerpo no puede eliminar. Al mejorar el funcionamiento corporal, genera muchos beneficios indirectos, entre los cuales el más importante es la mejora del sistema inmunológico.

Sólo hay que recordar que hay que empezar poco a poco (se puede empezar por tomarlo en gotas y pasar a CDS cuando se suba de dosis), usar bien los protocolos y si hay alguna molestia reducir la dosis y mantenerse, porque a veces el cuerpo no tiene tanta capacidad para expulsar todas las toxinas a la velocidad que se destruyen y puede generar alguna molestia (a mí ninguna y he ido rápidamente a los 30ml por litro, pero cada cuerpo es un mundo). Todo esto está en el libro, pero si alguien necesita ayuda estoy dispuesto a orientarle con gusto.

Dicho esto, os dejo en este vídeo cómo preparo el CDS. Los datos de elaboración son los que son indicados en el libro oficial de Andreas Kalcker "Salud prohibida" (PDF aquí) y están comprobados con tiras medidoras que garantizan la concentración a 3000ppm.

El vídeo para ver cómo elaborarlo:

24 marzo 2020

Del virus al abandono

Qué difícil es saber qué sentido tiene el momento que vivimos. Se necesita una vista muy espiritual y de águila a la vez, pero es necesaria para no perderse. Porque los pasos nos llevan uno tras otro a un lugar y si miramos tanto nuestros pasos, podemos perder de vista a dónde tenemos que ir.


¿Qué está pasando ahora con tanto virus? ¿Es posible que un ser que ni está vivo ni está muerto, un ser tibio ontológicamente, nos ponga a todos en jaque? Los científicos y los incultos, los ricos y los pobres, los ateos y los cristianos más piadosos se ven desbordados por lo que sucede. Qué difícil es mantener el rumbo en el centro…

Y personalmente sé lo que es, porque cuando el centro de salud me confirmó que estaba infectado me costó, cuando vi empezar a toser a mi mujer más aún y cuando a mi hija, la que tiene problemas asmáticos y respiratorios y un tratamiento en hospital por alergias que añade a sus continuos corticoides, se me congeló la respiración unos segundos. Y eso que tengo a mis padres de riesgo altísimo confinados en su casa.

¿Qué nos pide el Señor?

No soy teólogo ni profeta, sin embargo por lo que me ha pasado en mí vida el Señor me ha devuelto esta pregunta una y otra vez: ¿qué sentido tiene que esté pasando por esto? Y cada vez me he dado cuenta de que el error más frecuente era agarrarme a lo que entendía por mis propias fuerzas, razonar alrededor de hipótesis y prejuicios o llegar a conclusiones dudosas, pero que pensaba que me favorecerían, de algún modo. Y así llegué a desarrollar de la mano del prof. Leonardo Polo y mi vida familiar, la psicología del abandono, un estilo terapéutico muy potente ante Dios.

En muy pocas palabras os resumo que consiste en fijar la mirada en los momentos principales de nuestra vida, releerlos desde la perspectiva de la salvación y no desde la nuestra, que hemos desarrollado pasito a pasito sin saber realmente cuál era el final. Porque nuestra perspectiva habrá generado, ya desde una temprana edad, un enfoque basado en la superación, la excelencia (por lo menos en el futuro), la satisfacción de nuestras necesidades más básicas, sobre todo la de sentirnos únicos, queridos por lo que somos, alagados por cuantos más mejor y vivir con la regla del máximo resultado por el mínimo esfuerzo.

Tardé años en darme cuenta que ese viento no empujaba los pasos desde el espíritu de Dios, pero ¿acaso me he preguntado qué quería Dios en cada paso? Yo no. Así que lo que toca es revisar ese camino andado, leer lo que nos falta y aceptar el que queda desde la mirada de Dios.
Claro que esto el mundo no suele hacerlo por lo que ahora nos hemos encontrado en una situación de las que merece la pena pararnos a pensar. Y ahora que tenemos forzosamente tiempo os cuento como lo haría si el mundo fuera mi paciente.

Creo firmemente que el Señor se ha cansado de esperar a que miremos al cielo o que nos preguntemos si le necesitamos o no. La humanidad, aunque con sus altos y bajos, se ha distanciado cada vez más de Dios pasando de ignorarle a despreciarle, para luego pasar a perseguirle y finalmente a sustituirse a Él. Y ya cansado de ver un mundo que le desprecia con tal soberbia, pero igual de enamorado de nosotros que en tiempos de Egipto, toma nuevamente la iniciativa que más necesitamos para despertar.

Con este virus podemos ver cómo ahora nos pide sobre todo las dos cosas que le regaló la Virgen María: silencio y obediencia. Nos pide silencio para hablarnos él y poder cambiar nuestro corazón, para transformarlo. Nos está desapegando de todo lo que no es Él y se ha enredado en nuestro interior ocupando sigilosamente Su lugar, esto es, el amor a las comidas, a los domingos en restaurantes, noches en los gimnasios, cines y películas por la noche, pero también un exceso de dedicación al trabajo, el exceso de aprecio por la salud o a nuestra seguridad. Lo pensamos tener todo, pero no tenemos nada más que humo. Miramos nuestros pasitos y hemos perdido de vista la meta de todo.

Muchos, incluso devotos católicos, se han aferrado a cosas mundanas que hay que aprender a soltar, pero que no sabemos ni por dónde empezar. Y es que a veces cuando no queremos dejar atrás a algo, somos unos campeones en justificar todas sus bondades, hasta hacerlo necesario, bueno e incluso imprescindible. “Necesito correr”, “necesito mi coche”, “necesito mis horas en el gimnasio”, etc. Pero realmente, imprescindible, importante y bueno, sólo lo es el amor de Dios. Por no hablar de la rutina litúrgica que brilla por su hastío o capricho sacramental. Nos hemos acostumbrado a la seguridad de la misa, de la confesión, de la oración vocal, etc. y elegimos dónde y cuándo confesarnos, con quién y dónde celebrar misa... nos gusta más un cura porque salta la homilía o uno que canta todo y ameniza la misa. O buscamos la misa que nos venga bien para mantener nuestros planes de fin de semana. Incluso podríamos irnos a adoración nocturna para sabernos santos. Y es que la humildad es la única virtud que se destroza con actos buenos. Y cuando rezamos el ángelus o el rosario, ya ni nos damos cuenta de la velocidad y la superficialidad con la que lo rezamos. Las oraciones conclusivas son repetidas sin sentido, sonidos vacíos de amor. Quizás estemos en un punto clave para entender esa respuesta de Jesús “pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18,8).

Pues creo que el Señor nos está poniendo delante de lo que realmente necesitamos y son dos cosas: pararnos y callarnos. Ahora tenemos que confiar en él en todo y abrazar la profundidad del valor de cada acto sencillo en el hogar, que es donde se debe de encontrar a Dios primero. El Señor nos quita lo que pensábamos que era importante y nos devuelve al centro de la cuestión: el encuentro con él. Ahora somos como ese niño agitado que está teniendo una crisis nerviosa y empieza a hablar y a moverse sin control y el padre le tiene que agarrar, zarandear y decirle “cálmate, calla y escucha: ¿no soy yo lo único que necesitas?”

Así que aprovechemos este tiempo de constricción, de silencio, de bloqueo y renuncia. Aprendamos a abandonarnos a lo que nos pide vivir el Señor, preguntémonos qué quiere Dios de mí. Aprendamos a dar gracias por lo que nos manda. Incluso la muerte puede ser nuestra hermana si entendemos que ella también está en manos de Dios y que nada se le escapa al Dios de la vida. Porque sólo tenemos esta vida para hacer méritos de amor, para los "esprines" de entrega, para esforzarnos y demostrarle a Dios cuánto de verdad le queremos, para ponerlo al centro de todo nuestro mundo interno y externo. Como decía madre Teresa, “ama hasta que te duela” no hasta cumplir. Porque los cristianos hemos venido amando a los demás por la ley del mínimo esfuerzo, hemos dado el testimonio equivocado al mundo. La prueba es que el mundo no se convierte y va a peor. Hay muchas cosas buenas y algunas santas, pero no han evidenciado que nosotros, los cristianos, pusiéramos en juego nuestro corazón empapado de Dios. Todos necesitamos este virus, por eso Dios lo ha permitido, pero hay que aceptar su sentido, porque ese está en manos de Dios y determinará el éxito de nuestra lucha por volver a la salud.

Así que hagamos silencio, recemos todo lo posible, ayunemos varios días por semana, desgastemos el rosario desgranando cada ave maría lentamente y con amor, impliquémonos en el plan de Dios desde el silencio y acojamos el corazón de carne que nos quiere dar el Señor. Con ese corazón amaremos de verdad y el mundo cambiará porque le mirarán a él y eso lo reordena todo, la sana todo y lo eleva a lo divino.

Que podamos terminar esta Cuaresma con un corazón realmente renovado, despojado de lo innecesario y enamorado de la Pascua que Dios quiere hacer en nosotros.

Paz y bien



19 marzo 2020

Infectado por el Covid19


He visto varios testimonios sobre este virus Covid-19 y voy a dar el mío por varias razones: primero porque me ha tocado pasarlo esta semana, luego porque tengo una enorme capacidad para detectar sensaciones corporales, finalmente porque no he visto muchos testimonios que cuenten los síntomas iniciales más frecuentes y ya no hacen la prueba si no es muy grave, así que muchos sufren el virus y ni se enteran…

Seguramente la sintomatología no será siempre la misma en todos y cambiará en función de cada uno y, sobre todo, de la cantidad vírica con la que esté infectado, pero espero que ayude mi experiencia.

Ha sido bastante rápido en mi caso. El domingo empecé a notar cierta tos tonta, como la de cuando has esforzado la voz o tienes la garganta seca, pero nada más. Tenía algunos dolores musculares, pero en mí es normal, así que pensaba que serían agujetas del día anterior (podé un poco la madreselva). Esa noche dormí muy mal con unos escalofríos tremendos y el lunes caí en picada, levantándome como si me hubieran dado una paliza en todo el cuerpo. Los músculos dolían desde dentro, casi como unas agujetas, pero más fuerte. Era una molestia que no pasaba ni quieto, ni moviéndome. Poco a poco aumentó el dolor de cabeza y una gran pesadez. Como ya me la veía venir, empecé a medirme la fiebre ese día y vi como subía: 36,3, luego 36,7, luego 37,3…

Hablé con un amigo que pasó por lo mismo y que fue finalmente diagnosticado mediante la prueba del Covid, y me confirmó que seguramente estaba infectado yo, mi familia y todo lo que hubiéramos tocado en las últimas semanas.

Llamé al teléfono para el coronavirus de la CAM y me confirmaron con una entrevista que estaba contagiado, por lo que me dijeron de no ir al hospital a menos que no tuviera problemas respiratorios, luego me contaron las medidas que debía de tomar. Las medidas eran absurdas ya que me pedían que me aislara de la familia con un baño y una habitación sólo para mí, desechando todo en un lugar aislado y hermético durante 2 semanas, siempre con mascarilla y guantes… Bueno, con 4 hijos y una mujer embarazadas que vomita por las 4 esquinas todo el día y sin tener apenas mascarillas, es algo imposible. Así que escuché atentamente, agradecí el seguimiento diario que me iban a hacer y volví tranquilamente a mi día a día en casa esperando a ver qué me pasaba.

Reuní a la familia y les avisé de que la casa ya estaba contagiada y que seguramente ellos, de algún modo, también tendrían el dichoso virus. Informé a las personas con las que tuve contacto en los últimos días y seguí adelante. Temía sobre todo haber podido contagiar a mis padres, que sí son de riesgo, ¡y alto!, ya que  estuve en su casa el viernes anterior un rato.

Así que empecé con paracetamol 1gr cada 8h. Nada más tomarlo, en pocas horas ya estaba mejorando, pero seguía muy débil y con mucho malestar. Por la noche había mejorado bastante, pero la noche fue muy dura. Me despertaba por los dolores musculares y sin encontrar una posición que no me doliera. Por mi situación personal tengo Zaldiar, paracetamol con Tramadol, y con eso dormí un par de horas. El martes por la mañana estaba muy bien. No dormí mucho y estaba cansado, pero ya se me fueron muchos dolores. Hoy es miércoles y estoy con más fuerza, ya no tengo casi síntomas, excepto que no tengo ni gusto ni olfato, por lo que imagino que la cola del virus es parecida a un resfriado, pero sin mocos. O ha sido el tanto paracetamol… eso no lo sé.

Por las tardes me han estado llamando del centro de salud, pero viendo que mejoraba me han dicho que me llamarán la semana que viene.

Hoy, miércoles, es mi mujer la que está tosiendo bastante. Empezó ayer con alguna tos, pero hoy se nota claramente que recorre el mismo camino, sólo que en su caso le cuesta también un poco respirar (eso me gusta mucho menos).

Dicho esto, podéis ver que no es algo trágico para el ciudadano normal y que los que no somos de riesgo podríamos pasarlo y quitarnos incluso un peso de encima, ya que este virus se va a quedar hasta que no haya una vacuna clara y distribuida (mientras no mute y se haga más resistente, como le pasa al virus de la gripe de todos los años).

Las medidas que veo que toma la gente me parecen que son más psicológicas que reales. Aun así, es mejor que nada, desde luego. Pero poco sirve ponerte los guantes como cajera, si no los cambias entre cliente y cliente. De nada sirve usar guantes para comprar en el supermercado si los cartones de leche los han tocado varias manos sin medidas de higiene especiales. En cuanto entre en casa el cartón de leche, si no lo dejas en cuarentena larga o lo desinfectas, tendrás el virus esperándote con los brazos abiertos.

Y si te pones siempre la única mascarilla que te han regalado y no la tiras al finalizar su uso sirve tanto como ponerte los guantes y luego quitártelos malamente.

No nos hemos concienciado que es un virus que se propaga según sus leyes, no según la psicología humana, por lo que no sirve sentirte seguro, sino estarlo de verdad y, en este caso, hacerlo realmente bien, es muy complicado. Da igual que yo asuma todas las medias posibles de higiene si los demás no las respetan. Así que cuidemos muchísimo a los ancianos y a los enfermos y recemos mucho por los que tienen que morir solos en un hospital, así como por todas las personas que, confinadas en sus casas, no pueden hacer nada mientras sus padres o sus familiares y amigos, mueren solos y lejos. La mayoría lo pasamos como si nada, así que no tengamos miedo en ayudar a los demás, sobre todo los que lo necesitan, pero mucho cuidado en no contagiar a los más débiles.

Termino por decir algo que no he oído decir a nadie aún y que creo es central. Dios NUNCA ha permitido males tan grandes sin avisar antes y pedir conversión. Tampoco ha dejado de escuchar a su pueblo cuando se ha convertido. Pensemos en Nínive y Sodoma porque de eso se trata. Si no nos convertimos vendrá algo peor. Lo que le importa a Dios es despertar nuestra conciencia de hijos perdidos para que volvamos a él. No esperemos a que sea demasiado tarde.

Paz y bien.

11 noviembre 2019

El peligro del Islam en España


En lo que va de año, las autoridades españolas han expulsado del territorio nacional a seis musulmanes salafistas (los que defienden la yihad contra los infieles -cristianos y judíos-), cinco de los cuales eran imanes, por ser un peligro para la seguridad nacional. Expertos antiterroristas, consultados por La Razón, subrayan que se trata de la “punta del iceberg” del integrismo yihadista, sin embargo casi logran constituir el primer partido de musulmanes salafistas (con Mustafá Aberchán, candidato de CpM) en el congreso (por 80 votos el PP se adjudicó el escaño en Melilla) y ya tienen un escaño. Viene bien entender este dato a la luz de otro: en Arabia Saudita no hay ni una sola iglesia cristiana, todos sus ciudadanos son considerados musulmanes, por lo que podemos imaginar la participación política…

Si atentemos que son ya más de 2 millones los musulmanes en España (suben un 2,4% cada año), representando el 4% de la población española. El 42,5% (847.801) del total de musulmanes que viven en España son españoles y el 57,5 por ciento (1.145.874) son extranjeros.[1]

El número de votos para un escaño varía, pero si atendemos al más "caro" que es de Asturias donde son necesarios 138.939,71 votos para un escaño, los musulmanes, de proponérselo, podrían llegar a tener 6 escaños y ellos no tendrían problemas de diferenciación ideológica. Con un partido les bastaría y les sobraría.

Para que no se me tache de racista sólo quiero recordar que el cristiano (y el español en general) tiene el derecho y la obligación de defender su cultura, sus valores y su patria frente a quienes vienen a atacarla o saturarla hasta ahogarla lentamente. Una cultura político-filosófica como la musulmana no puede expandirse sin fagocitar la cultura nativa. No pueden desplazarse adaptándose a la cultura a donde van: es incompatible con su forma de ser. Esto es así por dos razones: primero porque su fe está arraigada en la política, segundo porque sus creencias son inculcadas desde la infancia de una forma muy radical. Antes de empezar a leer en nuestros colegios, por ejemplo, los musulmanes han aprendido a hacerlo en sus mezquitas, donde ya han estado aprendiendo sobre su fe y su cultura. Esto hace que no se puedan integrar tan fácilmente y que traten de modificar el lugar donde van (de forma más o menos acervada).

Todas las personas merecen respeto y un reconocimiento de su dignidad, pero no así con las ideologías o los valores que atentan contra la moral, la ley del Dios cristiano que ha engendrado la Europa cristiana que ahora se está desmoronando, o la ley natural de la que mana la dignidad del ciudadano occidental. Igual que amaré a la mujer que ha abortado, pero no aceptaré el aborto, amaré al musulmán como persona, pero no abrazaré su cultura porque no es buena.  

Del mismo modo que se ama al pecador, pero no a su pecado. No podemos dejarnos engañar en este aspecto. Toda persona merece ser amada o perdonada, pero mientras haga un esfuerzo para buscar la Verdad. Por eso Jesús no habló a Herodes, ni se dirigía a muchos, porque el amor de Dios es gratis, pero no barato y no hay que dar perlas a los puercos, dice el refrán. Amar con misericordia no es amar sin razón ni sentido. Por eso no creo que rechazar la cultura musulmana que es claramente contraria a la cultura cristiana, sea una falta de caridad. El amor a los demás primero se cuaja en amarse a uno mismo, ya que el amor al otro no puede llevar al desprecio de uno mismo. Porque uno ama al otro en la medida que se ha descubierto amado por Dios y esta experiencia genera una auténtica autoestima fundamentada en que Dios nos ama primero.

Muchos santos han luchado con la espada por su fe, su cultura o su patria, otros se han dejado matar. El mismo Santo Tomás admitía la legitimidad estatal de la pena de muerte si es para la defensa de la patria. La decisión, a nivel personal, es de cada uno, pero el deber del estado es garantizar su seguridad y promover su bienestar desde una justicia social basada en el bien común, no en una simple aceptación multicultural que puede poner en peligro el estado y sus ciudadanos, que es lo que se está dando. Por eso una anciana de 99 años es abandonada en la calle sin posibilidad de ayuda, mientras inmigrantes (incluso ilegales), tienen derecho a acogida, varias ayudas y becas, pisos, etc. 

Salvemos a España con la oración, porque a estas alturas sólo María puede alcanzarnos el cambio que necesitamos. Pero no nos dejemos engañar por el demonio, porque él sabe hacer parecer como bueno a lo que distrae de algo mejor.

Diego Cazzola

Fuentes principales:











[1] Otro dato para la comparación es el de los españoles chinos. En España, son 186.031 los chinos legalmente registrados, según la Estadística del Padrón Continuo del Instituto Nacional de Estadística, que señala que la mayoría de ellos viven en Madrid (49.831) y Cataluña (49.773), seguidos por la Comunidad Valenciana (20.475) y Andalucía (19.496 en total).



15 enero 2019

El valor del silencio


Hay muchos modos de rezar, pero uno pasa muy desapercibido hoy en día.

Se puede rezar con el cuerpo. Podemos estar de rodillas, mover las manos en una alabanza o abrirlas en un Padrenuestro, podemos estar sentados con la cara en las manos, darnos golpes en el pecho o santiguarnos. Incluso el estar en ayunas es un modo de rezar con el cuerpo. Es la expresión orante y simbólica de nuestro cuerpo.

También podemos rezar hablándole a Dios, a Jesús, al Espíritu Santo, a la Virgen María, a los ángeles y a los santos. Eso es la oración clásica. Tiene muchos nombres como oración del corazón o meditación, pero también muchos tipos, como puede ser la oración de petición, de gratitud, de intercesión, de ofrecimiento, etc. Es entrar en un diálogo con el Señor.

Pero la más valiosa y olvidada es la oración del silencio. El silencio ante Dios es, en sí mismo, un tipo de contemplación de las más elevadas. Es relativamente sencillo sentirnos en oración cuando hablamos, pero no necesariamente tiene porque ser una buena oración; sin embargo, hacer silencio es muy complicado y, si no lo hacemos bien, se detecta automáticamente. Es más fácil pensar en algo que no pensar en nada. Evitar hacer preguntas, cuestionar lo que nos pasa ante el Señor o justificarnos, para quedarnos en silencio mirándole, es también una oración. Es una oración que pocos consideran válida porque “parece” estar perdiendo el tiempo y quizás es por eso que muchos pasan mucho tiempo leyendo algo ante el Santísimo o rezando alguna oración. Pero el silencio de una mirada puede gritar más fuerte que la emoción de un dialogar. Sólo hay que pensar en los enamorados y su capacidad de permanecer juntos sin hacer prácticamente nada y ser felices a la vez.

No tenemos que tener miedo a quedarnos en silencio delante del Señor. Tampoco es necesario, ni es mejor, el estar cantando o llorando de emoción. A veces puede ser incluso mejor y más sencillo un rezar estando en un silencio contemplativo, y trabajar para regresar a ese silencio ante las distracciones. Así aprenderemos a vaciarnos de nuestro ruido y Dios podrá hablar un poco más en nuestro interior a su silenciosa manera.

No es de extrañar que Elías buscara en el desierto al Señor y lo encontrara en una suave brisa (1Re 19, 12). Pero, cuidado, no es un “mindfulness” donde nos queremos vaciar para sentirnos a nosotros mismos, sino un llenarse de Dios en el silencio de su presencia por amor.

Ahora a probarlo…

Paz y bien.

Diego Cazzola



03 noviembre 2018

Psicología del demonio



Consejos prácticos para evitar o dificultar que el demonio te ataque.

Evidentemente el primer paso para que el demonio no tenga poder sobre nosotros es el estado de gracia mantenido en el tiempo y basado en una fe sólida, una vida sacramental y la oración, especialmente el rosario. También podemos incluir una buena formación y el desarrollo de las virtudes, pero todo esto está muy escrito y mi interés ahora es elaborar algunos trucos de carácter psicológico para evitar que demonio nos pueda tentar o atacar con éxito.

Llevo muchos años reflexionando sobre la psicología del demonio y he tenido que aprender mucho sobre la teología, evidentemente, pero también sobre la antropología y la psicología. La teología no dice mucho sobre el demonio, de hecho no tiene ni un dogma sobre su existencia que selle una obligación de creer en él como un ser personal que busca la condenación del hombre por medio de la mentira, el engaño y la enfatización de los puntos débiles de cada uno. Pero estudiando la experiencia de varios exorcistas y una antropología psicológica muy sólida como es la del profesor Leonardo Polo voy a elaborar unas pautas que ayudarán, para el que quiera, estar más defendido ante sus ataques no sólo por la gracia de Dios, que es siempre necesaria evidentemente, sino por la estrategia de quien conoce a su enemigo y quiere defenderse.

Dicho esto decir que no pretendo agotar el tema, sino sólo proponer unas reflexiones al respecto. Reitero también que la vida de gracia y sacramental que tanto defiende y promueve la Iglesia  es la herramienta más necesaria, pero está dirigida sobre todo a la “protección” de un golpe demoníaco o, en el caso de los exorcismo, a su “liberación”, sin embargo voy ahora a proponer herramientas o estrategias de carácter más estratégico o psicológico que permiten más bien evitar la intervención del demonio o reducir su influencia.

1. El demonio no sabe lo que piensas: no hables en voz alta.

Efectivamente, una de las características más importantes a nivel psicológico es saber que Dios no permite al demonio conocer nuestros pensamientos y la lógica racional o deductiva que siguen. Si no verbalizamos algo con la boca él no puede saber, propiamente, lo que pensamos. La estructura de nuestro pensamiento es proposicional, es decir, pensamos por frases y nos las representamos por imágenes a modo de flashes y el demonio no sabe, por lo tanto, lo que pensamos, aunque sí puede llegar a deducir lo que podríamos estar pensando porque es mucho más inteligente y tiene mucha más experiencia. Puede deducir mucho por el contexto, los objetos de nuestras miradas, lo que dice alguien sobre nosotros en otro lugar, etc. El demonio puede suscitar en nosotros impulsos para determinadas acciones moviendo nuestra corporeidad a experimentar determinadas emociones o sensaciones, pues puede manipular la materia y las emociones, que son la realidad afectiva del hombre más próxima a la corporeidad por medio de las hormonas y los neurotransmisores. El demonio no actúa nunca sobre nuestra alma, ni en sus facultades de pensamiento. Y lo que menos aún puede manipular es nuestra libertad y nuestra voluntad, por lo que trabaja actuando sobre la materia a la que están asociadas en parte, esto es, nuestro cuerpo: hormonas, nervios, células, salivación, excitación, etc. Incluso puede reactivar recuerdos de una forma vaga o materializarse asumiendo una forma tanto material como “espiritual”, por ejemplo puede asumir la imagen de la Virgen María u de otras personas. Por eso puede provocar miedo, ansiedad, deprimir, desorientar, encender y apagar luces, despertar en la noche, hacer sudar e incluso podría, técnicamente hablando, generar un infarto, promover una caída, desprender un tejado, etc. pero lo importante es que estas sensaciones o estos acontecimientos sobre los que tiene poder, están siempre y absolutamente vinculados a que Dios, de alguna forma misteriosa, los permita. En este sentido su aparente poder no es nada si tenemos a Dios de nuestra parte o si simplemente Dios no le permite actuar (como en el caso de Job).

Dicho esto, podemos concluir que cuando el demonio interviene en nuestra percepción de la realidad o trata de influir en nuestro pensamiento, si estamos atentos, podremos notar como estos aparecen como sin mucho sentido o como desconectados de nuestra lógica interna. Su acción resulta ajena a nosotros y, por lo tanto, algo involuntaria o incongruente. Todo lo malo que verbalizamos, sobre todo críticas, maldades, insultos, murmureos, etc., nos atan de alguna forma al demonio, quien nos puede exigir en otro momento esa atadura. No hablar sobre nuestros problemas en voz alta y hablar siempre bien de los demás es no sólo una herramienta muy útil para que el demonio desconozca nuestro pensamiento, sino que no le otorga derechos para reivindicar ante Dios un mal que nos ató a él por el pecado, sobre todo porque estos pequeños pecados son muy frecuentes y muy poco o mal confesados ya que son casi involuntarios en quienes el vicio de la queja y la murmuración está bien establecida.

2. El demonio ataca porque intuye y deduce, pero no sabe todo.

Es importante recordar siempre que Dios es el único que lo penetra absolutamente todo. El demonio es una criatura de Dios y, como tal, a pesar de ser de naturaleza angelical, es limitado y su alcance, como hemos dicho, está vinculado siempre a una concesión de Dios. Desconoce por completo la gracia que está dando Dios en un momento dado a una persona, ni lo que decida hacer ante la tentación. Por eso la oración y la súplica al Señor es muy temida por demonio, porque introduce una variable que él no puede controlar. En una ocasión de debilidad, es importante evitar acercarnos a los límites y pedir ayuda a Dios, eso le despista mucho y reduce su fuerza en el ataque.

Es fundamental, por lo tanto, saber reconocer un estado que es peligroso para nosotros y saber reaccionar pidiendo ayuda a Dios con jaculatorias y oraciones.

3. Evitar el mal sí, pero buscar el bien es mejor.

A veces buscamos más evitar lo que está mal que buscar lo que es realmente bueno, pero son niveles distintos y que protegen de forma distinta del mal. El demonio no ataca siempre de forma exagerada y, a pesar de ser muy impaciente, a veces es más paciente que nosotros, sobre todo en estos tiempos tan acelerados. Para introducir un pecado el demonio es capaz de aguantar esperando a que se deteriore una virtud antes de trabajar de forma más manifiesta o marcada. Así que es mejor cuidar mucho nuestras costumbres y generar nosotros mismos un contexto adecuado para el bien, pues evitará mejor el mal. Evitar lo malo está bien, pero evitar todo lo que no es muy bueno o buscar lo que está realmente bien es mucho más importante. Evitar determinados vestidos, asistir a ciertos tipos de fiestas, abusar del ocio y la búsqueda del placer, ciertas lecturas o películas que no elevan el espíritu, etc. serán siempre hábitos sanos que nos protegerán de ataques muy silenciosos del demonio. Se trata de evitar cosas que en sí no son claramente malas, pero que nos exponen a que él nos proponga introducirnos cada vez más en un camino que se aleja, a veces muy poco a poco otras de forma imperceptible pero grave, del camino de la virtud, que es el único que acerca a Dios.

4. Es más listo que tu: no dialogues.

Entran ganas de razonar con él pensando si se puede justificar un mal. Error, en eso casi siempre gana. Lo mejor es ignorar la tentación cuando la inmoralidad de lo sugerido queda clara o está dudosa. Ante la tentación sólo cabe la evasión, no el diálogo, ante el pecado sólo cabe el arrepentimiento y la confesión. En definitiva, es importante saber actuar prontamente ante la aceptación del bien y la huida del mal, sin quedarse a pensar sobre las zonas intermedias. Si alguien te propone hacer algo que sabes que no está muy bien, dialogar con el demonio es buscar el modo de verle el lado positivo o justificarlo de algún modo. En estos casos es mejor aprender a decir “no” con el riesgo de no hacerlo y, en todo, caso, esperar y llevarlo a la oración.

5. Él nunca descansa, no te relajes.

No hay un momento en el que el demonio no pueda estar atento a nuestra situación social o psicofísica. Siempre vigila el momento mejor para hacer presión o atacar. Antes de ir a dormir o mientras descansamos viendo la televisión, puede estar más activo que en un baile en una discoteca llena de situaciones provocadoras. Puede ser de ayuda acostumbrarse a hablar con él, o con nuestro ángel de la guarda, en todo momento en lugar de pensar con nosotros mismos como muchas veces hacemos. Así aprendemos a estar en constante diálogo con el Señor y a tener el pensamiento dirigido constantemente a su voluntad en todos los detalles, algo muy propio de los santos y que es de gran protección, pues es como ir de la mano de un guardaespaldas.

6. Cuando actúa deja señales: aprende a reconocerlas.

Cuando el demonio ronda a una persona y la ataca, independientemente del grado y el éxito con que lo consigue, hay cosas que deja y que no puede dejar. Su modus operandi es siempre impulsivo, caótico (sobre todo a largo plazo), exuberante y majestuoso, sea por emociones extravagantes y visibles como por emociones de inferioridad y nulidad llenas de rencor. Pero la característica número uno de su actuación es su impulsividad y el no dejar paz en el interior. El sosiego y la tranquilidad son incompatibles con su acción. Es además siempre muy impaciente al actuar, por lo que si esperamos a tomar una decisión y la rezamos, le provocamos y facilitamos que se desenmascare más fácilmente.

Otro signo muy frecuente de su acción, cuando ésta es muy agresiva, es a nivel físico: molestias intestinales, sobre todo dirigidas a náuseas y sensación de vomitar, dolores musculares y de cabeza. A nivel psíquico se dan obsesiones y compulsiones, deseo de insultar impetuosamente, de actuar sin pensar y de forma visceral. Siempre buscará la forma de que no nos paremos a reflexionar, porque a nivel de lógica y razonamiento Dios puede iluminar a la persona y parar una voluntad mal dirigida, sin embargo una acción impetuosa puede dirigirla con agresividad u odio y queda atribuida a la persona. El grado de libertad y conciencia en cada decisión y pecado es conocido sólo por Dios, por lo que no debemos tratar de averiguar el grado de culpa en un hecho concreto y eso es mejor dejarlo a Dios.

En resumen.

Es muy útil no verbalizar lo malo y nada que no quieras que sepa claramente el demonio y que pueda usarlo contra ti. El demonio desconoce lo que piensas, pero trata de deducirlo y tentarte con ello, por lo que puedes notar cierta aleatoriedad o incongruencia en tus pensamientos cuando no son propiamente tuyos o bien inspirados. La gracia de Dios se recibe en el momento, por lo que hay que pedirla en cuanto se la necesite, pero estar en constante diálogo con el Señor y sentirnos siempre en su presencia nos ayudará a obrar mejor. Busca lo mejor y no te conformes con lo que “no tiene nada malo”, recuerda que los pecados capitales no son graves en sí, pero son generadores de los más graves, es cuestión de evitarlos buscando lo más puro y santo, sin conformarse con menos. Ante la tentación no trates de valorar o sopesar nada, recházala y a rezarlo ante el Santísimo si hay que tomar realmente una decisión. Nunca bajes la guardia e invoca siempre el Espíritu Santo antes de hacerlo todo siempre que puedas. Estate atento a si lo que haces te da paz. Si no hay paz es una señal que no es de Dios. Dios es paciente y pide obediencia, pone a prueba y concede la gracia al último momento para fortalecernos y que sepamos que sin él no somos nada, pero que siempre está allí para ayudarnos. Son psicologías completamente distintas. Impulsividad vs paciencia, ruido vs silencio, seguridad, vs abandono, emociones fuertes y breves vs sentimientos completos y de paz.

El mejor consejo que se puede dar a alguien que quiere ser santo y evitar caer en las manos del demonio por su propio descuido es, en definitiva, el de buscar siempre y en todo momento hacer la voluntad de Dios a la luz de la oración al Espíritu Santo y entender que el único camino claro y seguro es el de la muerte a nosotros mismos en todo. Se trata de morir a lo que nos apetece, a nuestros sentimientos, a nuestra voluntad, a nuestro juicio, a nuestra vanidad y seguridades. Esto no es ni fácil ni difícil, es simplemente imposible para nuestra frágil voluntad, pero con la gracia de Dios él lo hará en nosotros.

Paz y bien