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07 junio 2017

¿Qué opino de la sofrología?

Según el Instituto Médico de Sofrología Caycediana, la Sofrología es una escuela científica, que tiene como objetivo el estudio de la consciencia y la conquista de los valores existenciales del ser. Imagino que la idea de que sea “científica” es atribuida al hecho de que la fundó el Dr. Alfonso Caycedo, un médico neuropsiquiatra, en 1960 en Madrid. El significado de “sofrología” viene de SOS (equilibrio), PHREN (psique) y LOGOS (estudio), aunque es de todos sabido que la disciplina encargada de la mente es la psicología y la psiquiatría, y que su finalidad es la salud mental, que vienen a ser de forma tácita el mismo de la sofrología sólo que sin la raíz SOS en la palabra.

Si bien no quiero desmerecer el intento del fundador de sistematizar o garantizar la metodología de la sofrología al ver que había diferentes técnicas y programas parecidos, voy a analizar los supuestos que se presentan con respecto a esta práctica. Vayamos paso a paso analizando su aportación[1].

La sofrología “Ofrece una metodología para que el individuo conozca de forma vivencial su propia consciencia.”

Bueno, la conciencia no se puede conocer porque no es reflexiva, sino que es el estar despierto y delante de la realidad viviéndola como algo distinto a nosotros mismos. Lo que pensamos además no es la conciencia, pues lo pensado es lo que es objeto de nuestra reflexión, pero lo pensado no es el que piensa. Parece un poco lioso, pero es simple. Pensamos algo, pero no somos lo pensado. La conciencia es lo que me permite conocer, no algo sobre el que puedo volcar mi atención.

Dicen que “El método Caycedo “consiste en una serie de técnicas de relajación, ejercicios respiratorios, movimientos corporales y estrategias de activación mental que tienen como fin el conocimiento de sí mismo y el desarrollo de la consciencia”.

Si es relajación, respiración, movimientos e incluso activación mental, estamos hablando de una incidencia a nivel corporal. No está mal y la implementan prácticamente todas las terapias, pero no es nada nuevo. Sin embargo, si el fin es el conocimiento de uno mismo, estamos mezclando otros estatutos de la persona que no se desarrollan por esas vías. Y desde luego estas técnicas no pueden desarrollar la conciencia desde el plano material o corporal. Una conciencia no se peude desarrollar, como mucho se podría iluminar, pero es un proceso que le viene dado desde fuera y que no es dado por una técnica, sino por la voluntad de Dios.

Siguen diciendo que “la persona va aumentando la percepción y conocimiento de su propia corporalidad, sus emociones, sus pensamientos, su conducta y sus propios valores”. 

Lo que pueden hacer es aumentar el tiempo dedicado a la actividad corporal, las sensaciones, las percepciones sensoriales, etc., pero no aportan conocimiento sobre uno mismo, sino sobre el estado físico. Vuelvo a repetir que en psicología, con la relajación progresiva, se consigue lo mismo. Se podrá atender a la respuesta física y, en la medida que uno se distrae, podrá pensar en algo, pero no se trabajarán de forma adecuada los valores personales, como dice. Desde el punto de vista cristiano, además, los valores se transmiten en familia, en la educación, etc. pero sólo crecen con una implicación personal tras llevarlos voluntariamente a la práctica. Dedicarse a la percepción sensitiva, no puede fomentar valores.

“Ella misma [la persona] va desarrollando su voluntad para mejorar aquellas capacidades que quiere potenciar y tratar sus percepciones, sentimientos o pensamientos molestos”.

La voluntad es una potencia pasiva del alma que se dirige hacia lo que la inteligencia le presenta como verdadero y que detecta, por lo tanto como bueno. La voluntad se desarrolla al realizar ejercicios que terminan en acciones concretas y que no quedan en sus fases constitutivas como la intención, la deliberación y la elección, por lo que la voluntad sin plasmarse en acción no se fortalece. De allí que Dios nos pida que la fe tenga que ir acompañada de obras.

Si bien podría no ser especialmente mala si no se aislara del resto o no se tomara en modo principal o absoluto, no creo que sea una buena dirección que un tratamiento se base en la potenciación de la “sensación” o “lo molesto” desde la percepción. El ser humano necesita traer a la conciencia sus errores, hacerlos conscientes, elaborarlos para reducir la implicación emocional, sanarlos por medio de la confesión y la gracia y establecer pautas y estrategias para evitar caminos que le vuelvan a hacer caer.
“La Sofrología Caycediana hace énfasis en el ser humano como sujeto de sí mismo”.

Pues el “hacer énfasis en uno mismo” parece trabajar la autoestima (mal entendida), la asertividad, y la imposición del derecho sobre uno mismo como medida de autocontrol, pero entraña el peligro de centrarse en el “sí mismo”. El cristiano, sin embargo está llamado a entregarse a los demás, a tomar su cruz después de haberlo dejado todo y seguir el camino de Cristo. No se trata de autodominarse, sino de reconocerse tal cual se es, pero amados por Dios, para no dedicarle tanto tiempo a nuestra vida y salir de ella hacia los demás. Porque quien no quiere perder su vida, la perderá…

“Siendo una disciplina basada en la fenomenología, potencia la consciencia, la libertad y la responsabilidad del individuo”.

Bueno, la fenomenología fue fundada principalmente por E. Husserl en un intento de renovar la filosofía. Trata sobre todo de la intencionalidad y de la conciencia, pero creo que “la consciencia, la libertad y la responsabilidad” no se trabajan desde la autoreflexión, sino saliendo hacia los demás desde un encuentro verdadero con Dios.

Me parece a mí que la sofrología no tiene planteamientos muy acordes a una antropología que un católico vive cada día y no enmarca los consejos que esperamos desde un planteamiento trascendental, pero personal con Dios. Termina siendo una forma de relajación con visualización que trata de centrar a uno mismo consigo mismo buscando más el autocontrol y el equilibrio que el camino de la entrega voluntaria, el esfuerzo necesario para ello y la transparencia de conciencia que nos pone delante de la Verdad para poderla reconocer.


Diego Cazzola


05 mayo 2017

¿Por qué se está proponiendo que la confirmación se dé antes que la comunión y a una edad tan temprana?

La propuesta de modificar el orden de administración de los sacramentos de la primera comunión y de la confirmación adelantando la confirmación a los 8-9 años, previa confesión, y apenas al años siguiente la primera comunión (justo para permitir la adecuada preparación a ambos sacramentos) es una realidad que en Madrid empezó en 2009 en la diócesis de Alcalá de Henares con la idea de que se extienda a las demás Diócesis de Madrid. Actualmente son varias las parroquias de la Comunidad de Madrid, y del mundo, que han incorporado este grande cambio y paulatinamente está previsto que sea así en todas.

Lo que pretende esta modificación es un cambio de mentalidad, por lo que, como todo cambio, es normal que cueste. En palabras del director del secretariado de Catequesis de la Diócesis de Alcalá, Francisco Martínez se trata de “dar una primacía a la gracia, es decir, un muchacho que tiene el Espíritu Santo primero con el bautismo y luego con la confirmación se acerca a la eucaristía para culminar su iniciación cristiana y es un cristiano completo”. Dicho de otro modo, se trata de entender que la confirmación no supone un culmen para pocos que concluye una etapa de formación, sino la plena recepción del Espíritu Santo que permite el mejor acercamiento al sacramento de la Eucaristía que es la real culminación de la iniciación cristiana y que constituye el inicio de un nuevo caminar en el Espíritu del Señor por el que el cristiano se irá cada día conformando a su corazón eucarístico. Debemos de entender que la Eucaristía es el centro de la vida cristiana y el culmen de los sacramentos, pues todos se dirigen a ella y para ella. Todo debe de girar a su alrededor y nutrirse de la Eucaristía según la lógica teológica de la iniciación cristiana. El bautismo y la confirmación, pues, nos dan el Espíritu Santo que necesitamos para vivir y aprovechar la Eucaristía.

En palabra de Martínez, es preciso que hoy en día cambiemos la mentalidad de que la confirmación sea entienda como “el sacramento de los perfectos o de los que después de un largo periodo de años en la catequesis parroquial han superado un montón de pruebas” porque al final los que lo logran parecen héroes que lograron la meta y se nos olvida que el cristiano no merece los sacramentos, sino que los recibe por una total gracia de Dios. Él sólo debe dejarse asistir por la gracia sacramental y “dejar actuar al Espíritu Santo, que dará sus frutos cuando querrá”. Nuestra tarea es esforzarnos por no meter la pata y seguir cercanos al Señor.

Así pues, no hay que “confundir la edad adulta de la fe con la edad adulta del crecimiento natural, ni olvidar que la gracia bautismal es una gracia de elección gratuita e inmerecida que no necesita una “ratificación” para hacerse efectiva” (CIC, n. 1308)

¿Por qué no ha sido entonces siempre así?

Para los Cristianos Orientales – sean católicos, ortodoxos o de otra denominación – este orden nunca ha sido alterado. Para los Cristianos Occidentales esto ocurrió en 1910, cuando el Papa San Pío X redujo la edad de la Primera Comunión a los siete años. Al hacer esto, mantuvo la edad de la Confirmación sin ningún cambio, y así se invirtió el orden de los Sacramentos de Iniciación Cristiana y nos dejó con la práctica que tenemos hasta ahora, de una confirmación tardía.

Sin embargo el orden adecuado es recibir la Confirmación en la infancia tal como hemos dicho. Tras los documentos nacidos del Concilio Vaticano II y con el apoyo de autoridades como el Papa Benedicto XVI, quien personalmente le dijo al Arzobispo Aquila: “Tú has hecho lo que yo siempre quise hacer”, la restauración de los sacramentos empezó a extenderse y parece ser algo permanente. Lo recoge también el nuevo “Catecismo Jesús es el Señor” de la Conferencia Episcopal Española y además es fácil comprobar que el orden de los sacramentos de iniciación cristiana en el Catecismo de la Iglesia Católica es el de “Bautismo, confirmación y Eucaristía” (Cfr. CIC, Sección II, Cp. I). También podemos citar como el CIC (n.1212) a Pablo VI [1]:

“En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y, finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad".

Conclusión

Podemos concluir que la Confirmación tiene que entenderse como necesaria para la plenitud del Espíritu del cristiano y que prepara y asiste para la vida de gracia y la vivencia del Sacramento por antonomasia que es la Eucaristía. No hay que ver la Confirmación como el sacramento de la madurez o el de la elección voluntaria de Dios, sino como el sacramento de la plenitud del Espíritu que permite que Dios nos asiste en la vida para vivir en el mundo sin ser nunca del mundo, ayudándonos a superar las pruebas y dificultades cuanto antes. Dicho de otro modo: ¿tendría sentido vacunarnos a los 16 años?

Paz y bien.

Fuentes:







[1] Pablo VI, Const. apost. Divinae consortium naturae; cf. Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos, Prenotandos 1-2 .



02 marzo 2017

Respuesta a Epicuro 2260 años después y para los de hoy...

Según Epicuro, si Dios no está dispuesto a impedir el mal es que no es capaz, y si no es capaz no es omnipotente, sino malévolo. Si puede, pero sigue habiendo maldad, habría que retirarle el título de Dios.

No sólo Dios es capaz y está dispuesto a impedir el mal, sino que lo tiene bien pensado desde antes del pecado original.

Claro que Epicuro no conoció a Jesús, pero que hoy en día se utilicen sus frases para seguir ese planteamiento es cuanto menos absurdo. ¡Cuánta ignorancia de lo que Dios hizo por amor a los hombres! 
Una de las teorías más validadas en teología que explica la caída de los ángeles es precisamente la visión de un Dios que se encarnaba en una mujer por la salvación del mundo. No lo toleraron y se rebelaron. Pero María estaba pensada ya antes de la creación del mundo en el seno de Dios y para el camino de la redención de Cristo. La razón del porqué no interviene cómo nos gustaría a nosotros (al estilo Hollywood, con poder ruidos y estruendos fulminantes que se cargan a los malos) es porque Dios es mejor que nosotros en capacidad y en pureza. Domina el tiempo y lo penetra con su propio ser viviendo la realidad eterna en un sólo presente perfecto. Vamos, que no tiene prisa porque sabe el final y, como decimos nosotros, lo tiene todo controlado, pero de verdad.
La cuestión para entender el mal permitido es muy sencilla y es una cuestión tan vieja como el hombre tiene uso de razón. Lo esencial en Dios es el amor, lo esencial del amor es la libertad, lo esencial de la libertad es el libre albedrío. Si no nos hubiese hecho libres y/o no respetara Dios nuestras elecciones aceptando las consecuencias, dejaría de tener valor cualquier acto realizado. Somos responsables de nuestros actos y éstos pueden adquirir significado personal porque somos libres. Si descubriera que mi mujer se casó conmigo por dinero, me sentiría traicionado precisamente porque su amor por mí lo entiendo como libre y, haber sido pagada, anularía el significado de todo lo que ocurrió. Así que Dios sabía perfectamente que podíamos meter la pata con nuestra libertad e incluso nos probó en la obediencia, pero también sabía que era necesario. Lo esencial de la libertad no es la elección, sino el sentido de amor al que ella nos entrega. La libertad nos permite entregar la vida a alguien con sentido personal. Pero para esto hay que correr el riesgo de la equivocación e incluso de lo más dramático: la posibilidad del rechazo. Un perro no me rechazará nunca si le entreno bien y le doy lo básico, pero un hijo puede rechazarme cuando se dé cuenta de esa posibilidad, porque es una persona.
El último dato que hay que aportar ante la dilucidación de so magna ignorancia teológica es que el mal provocado por la libertad personal (esto es humana, pero también angelical) cae también dentro del designio creador del Padre, quien ha sabido adelantarse al desastre del pecado pensando en la redención del universo entero por medio de su Hijo. La dificultad, la terrible dificultad, es no entender que si por la desobediencia y la soberbia entró el pecado en el mundo, por la obediencia y la humildad entró la redención. Estas dos características han marcado no sólo la salvación y el mensaje evangélico, que por eso la mayoría de los judíos no supieron ver, sino el modo de ser acogida la Verdad: sólo los humildes, los sencillos, los obedientes, los caritativos, los puros, etc., verán el sendero de la salvación y entenderán el obrar de Dios. Por eso dice Jesús que el Padre "lo ha escondido a los soberbios” y da las gracias por ello. Porque así sólo lo puro entrará en la verdad y podrá vivir el Reino de Dios.
En resumen: Dios nos deja libres de querer el amor que nos da, hasta correr el riesgo de perdernos. Deja que le descubramos y le aceptemos sin violentar nuestra naturaleza y se muestra a cada uno para que pueda optar por la salvación. Las consecuencias de la libertad mal empleada no se pueden eliminar sin más porque afectaría a la radicalidad del sentido de la libertad, pero todo mal está pensado por Dios para sacar mayor bien y conseguir la salvación de todos los que pueda.

Así que en lugar de decir una y otra vez la ignorante memez de que si Dios existiera no existiría el mal, es mejor estudiar quién es Dios, descubrir su gran amor por nosotros y dejar de proyectar en él los poderes de los superhéroes de Hollywood que querríamos tener nosotros en nuestra pobre imaginación del poder divino.

Paz y bien

27 febrero 2017

Cómo ayudar ante el vicio de la masturbación

Pregunta:

Hola, tengo unos alumnos de secundaria que me piden ayuda porque sufren de masturbación compulsiva. Me preguntaban que qué podían hacer. Les dije que rezaran mucho y se distrajeran, pero creo que cuanto más miedo se les meta mejor. ¿Qué puedo hacer? Gracias

Respuesta:

Lo primero: el miedo nunca mueve y, si lo hace, es por un tiempo y sólo mientras persista la amenaza que motiva el miedo. Así como la gente con miedo a una multa decelera cuando la ve la policía, pero acelera nuevamente al pasarla, el miedo, en la masturbación, paraliza al chico en un sinsentido desde el que luego no sale. El riesgo principal es que empiece a justificarse o simplemente rechace la moral que subyace.

Es mejor partir de dos puntos:

1) El sentido que tiene el cuerpo sus funciones sexuales, así como el sentido del disfrutar de las cosas y del gozo que se puede encontrar en ello. Nunca es un fin en sí mismo. De tomarse así la acción se debilita hasta hacer perder el mismo gusto y, además, genera una dependencia que cada vez encuentra menor satisfacción, terminando en un sinsentido que lleva hacia los caminos de las parafilias y todas las alteraciones más perversas.

2) El amor a María y a Jesús desde la contemplación de la pureza a la que nos llama una vida de castidad. Una castidad y una pureza que es muy distinta de la mera continencia o renuncia, sino que es entrega de amor. A nadie le gusta ofender a quien ama, por lo que hay que conseguir que estos chicos descubran el amor de María, pues sólo entonces tendrán la contricción adecuada que mueve a cambiar y el apoyo necesario. Esta contricción no es miedo, sino dolor de la distancia que se percibe con respecto al ser amado. Es como cuando un niño ve a mamá dolida por su comportamiento; ese dolor nos duele más que el castigo, si amamos realmente a nuestra madre.

Así que lo que necesitan estos chicos es una buena charla en la que se sientan aceptados y acompañados, con mucha delicadeza, ya que el tema suscita la mayor vergüenza que exista, pero con unas guías de amor y esperanza. Hay que ser pacientes y realistas, pues caerán y volverán a caer si el vicio está muy instalado. Hay que recordar que la virtud del amor radica en saberse levantar, no en evitar caer. A Dios le agrada mucho que sepamos levantarnos y que confiemos nuevamente en él, más que si no cayéramos (es la moraleja de la oveja perdida), porque "le puede" su Corazón misericordioso. Por eso la confesión es una de las armas más poderosas para seguir adelante y ganar la batalla.

Cuando veas que tienen ese amor por María, ese deseo de pureza, esa conciencia de que es mejor vivir bien la sexualidad, entonces aprovecharán las oraciones. Antes toca sentirse acompañados, motivados y buscar evitar los desencadenantes: duchas rápidas en lugar de baños, chorro de la ducha fijo desde arriba, habitaciones con la puerta abierta, limpieza de fotos y vídeos de móviles y ordenadores, evitar pararse en las tiendas de ropa interior y los carteles sensuales, no hablar de cuestiones excitantes o sexuales con los demás (sobre todo de forma explícita, porque el hombre es muy visual y acelera rápido), etc. En definitiva, se trata de buscar una vida encaminada a Dios, con un gran deseo del corazón de vivir en gracia y liberar la mente de todas las posibles inmundicias que nos llegan hoy en día que son muchas y malintencionadas. Desde luego que ocupar el tiempo, la mirada y la mente en otras cuestiones buenas ayuda, pero siempre si se hace el camino correcto.

La mejor arma es el rosario y la confesión. Agarrarse al rosario, tenerlo siempre encima y rezarlo todos los días. Lo que no es recomendable desde el principio es proponer rezar avemarías cuando se está teniendo la tentación. Esto puede desencadenar asociaciones que más que ayudar, pueden empeoran. A María hay que rezarle mucho con el rosario, pero no en el momento de la excitación. Ése es el momento de cambiar de postura, dirigirse a un lugar con más gente, cambiar la temperatura del agua o salir de la ducha, etc., es decir salir de la situación. Desde luego estar ocupados con tareas sanas es bueno, pero lo más importante es llegar a desear cambiar de conducta y convertir el corazón. María Santísima y nuestro Padre del cielo concederán la gracia y la ayuda, pero siempre que sea pedida y se ponga la propia voluntad. Esto tiene que ser aclarado también.

Quien acompaña tiene que estar cercano, claro, pero sin reprochar, paciente y dispuesto a escuchar una y otra vez lo mismo. Es un trabajo duro y progresivo que puede llevar tiempo, pero que tiene un gran premio: la pureza de un alma y su salvación.

Paz y bien.